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Educar para la no violencia

Que los niños son más violentos y rebeldes que antes es una afirmación que, a pesar de no contar con respaldo estadístico, la comprueban diariamente padres, profesores y profesionales relacionados al tema. Rebeldía, gritos y golpes son conductas que se instalan cada vez con más frecuencia en el comportamiento de los menores.

Sin embargo, ningún niño nace con tendencia a la agresividad. Algunos tienen un temperamento más irritable que otros, pero para que eso desemboque en conductas violentas, median muchos factores ambientales que el menor imita y aprende. Por eso, la clave está en mirarnos a nosotros mismos y ver que actitudes podemos cambiar para que los niños aprendan a relacionarse en forma no violenta.

Hoy estamos enfrentados a condiciones de vida tremendamente estresantes, como la competencia desmesurada y la búsqueda del éxito a como de lugar, que implica incluso destruir al otro para ganar. Todo ello promueve el maltrato, y claramente tenemos mayores niveles de violencia que antes.

Si queremos ralamente paliar esta problemática, no tenemos que enfocarnos únicamente en el maltrato, sino que ver la otra cara de la moneda y promover el buen trato. La idea es mostrar a los niños que existen alternativas para resolver sus problemas de manera pacífica y constructiva, distintas a los gritos o la fuerza.

¿Seré o no un padre maltratador?
Como padres, tenemos la gran responsabilidad de generar un clima de buen trato familiar. No obstante, todos alguna vez hemos perdido la paciencia y se nos escapa un grito o una palmada.

Sin embargo hay que distinguir entre las conductas maltratadoras y ser maltratador.

Las conductas maltratadoras aisladas que se dan en el contexto de un ambiente protector, igual pueden tener efecto negativo, pero no dañan ni traumatizan el desarrollo del menor. Es distinto cuando se transforma en algo reiterado y se inscriben en una dinámica de maltrato. Entonces se habla de un padre maltratador.

Los niños agredidos física o psicológicamente, viven en un entorno que los hace creer que merecen ser maltratados, por lo tanto, muchas veces desarrollan conductas inadecuadas para merecerse los malos tratos de verdad, por eso pueden llegar a ser muy desafiantes y violentos.

Aquel papá o mamá que alguna vez grito o pego no es un maltratador, pero es importante que vaya generando alternativas a estas conductas.

Pero el maltrato adquiere muchas formas y los niños golpeados no son las únicas víctimas, también la sufren quienes reciben de sus padres frases descalificadoras, los que no son tomados en cuenta ni escuchados y los que son ignorados y crecen sin límites, reglas ni orientación.

Muchas veces los papas tienden a caer en la trampa de los extremos: son autoritarios y severos o dejan ser y, ninguno de estos estilos promueven el buen trato.

En los estilos de crianza rígidos, autoritarios y castigadores, los niños tienen dificultades para desarrollar un buen trato. Por otra parte, el dejar ser absoluto, es decir, una ausencia total de autoridad, genera un caos donde se transgreden los límites personales de los otros y se genera un contexto también propicio para el maltrato.


Educar en  el buen trato
La promoción del buen trato deberá estar presente desde que el niño está en el útero. Un niño que ha sido cuidado y protegido desde su gestación, cuenta con mayores posibilidades de enfrentar el mundo con seguridad y tener mejores relaciones con los otros.

Mas que aplicar una receta especifica lo que realmente genera niños no violentos es el ejemplo de los padres.

Esto se puede enseñar desde que son muy pequeños. Los niños tienden a repetir aquellas conductas que son aceptadas por las personas que él más quiere. Cuando un niño ve que los golpes o insultos son conductas no valoradas por sus papas o profesores, va a tender a dejarlas. No implica que nunca lo haga, pero lo importante es que no forman parte de su forma habitual de relacionarse con los otros.

El clásico ejemplo del adulto que grita a un niño para que el pequeño deje de gritar, expone claramente la estrategia equivocada, ya que lo único que se logra es mostrarle al niño que el grito es un recurso valido para resolver problemas y conseguir objetivos.

Por eso, la actitud del adulto es vital. Cuando en el entorno familiar, escolar y social se genera un clima de buen trabajo, es decir, un ambiente, acogedor, protector y que acepta al niño en su individualidad, el pequeño desarrolla conductas de buen trato y es capaz de relacionarse exitosamente con los demás.


Llevarlo a la práctica
Cuando se habla de no gritar ni golpear a los niños, la gente siente que se queda sin herramientas, como que al niño ni siquiera se le puede llamar la atención y no se trata de eso, porque existen alternativas al grito y al golpe, como establecer límites claros y conocidos por todos y ser muy firmes al momento de implementarlos.

Lo correcto es que el padre o madre sea una autoridad protectora, es decir, que reconozca el poder que tiene sobre el niño y lo ejerza para protegerlo y promover su desarrollo. Es Disciplinar sin llegar al uso de la violencia, puesto que se valora al niño como persona.

Ante un comportamiento violento o inadecuado del niño es mejor imponer la regla sin dar mayores explicaciones. Pero una vez calmado, es fundamental conversar con él acerca de sus conductas, ayudándolo a reflexionar acerca de ellas, de las consecuencias que pueden tener y el impacto que causan en las demás personas. Ayudarlo a desarrollar la capacidad de reflexión sobre sí mismo y empatía con los demás, fundamental para que se relacione desde el buen trato no por el miedo a la sanción, sino porque realmente son capaces de visualizar a los otros y reconocer sus necesidades.

Cuando le sonreímos a un niño, cuando lo felicitamos porque hizo algo bien o le demostramos que es un ser querible, lo reconocemos como persona y hacemos una labor preventiva del maltrato mucho más importante que cualquier programa, currículo educativo o terapia. Gestos tan simples tienen un tremendo impacto positivo.


Fuente: Josefina Martínez, psicólogo de la Universidad Católica y del Programa Educación para la NO VIOLENCIA, Fondo de Fomento del Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef).