La avaricia es una señal de que se tiene una visión estrecha y mezquina del mundo y un escaso desarrollo social y humano.

El afán de acumular riquezas y guardarlas, característico de los avaros, es el triste resultado de una mentalidad egoísta, que obliga a quien la practica a vivir de manera miserable con tal de no gastar su dinero, ni mucho menos compartirlo con otras personas. Los avaros viven y mueren por lo general rodeados de gente que únicamente está interesada en su dinero y que no pierde oportunidad de averiguar cuanto tiene y dónde lo esconden, con la ilusión de poder algún día apoderarse de él. La avaricia, sin embargo, no está solamente en aquéllos que acumulan dinero y objetos de valor porque sí, privándose de lo que más quisieran, alejándose de la gente para no poner en riesgo su fortuna, sino también en aquéllos que usan su saber y su efecto sólo para sus mezquinos interese personales.


Obstáculos para la generosidad
1. La mentalidad de algunos padres de familia, que llevan una cuidadosa contabilidad del dinero y el tiempo que dedican a sus hijos para pasarles la cuenta cuando sean adultos.

2. La enorme desigualdad entre los que amasan fortuna y la enorme mayoría que tiene que pasar trabajo para sobrevivir.