La ingratitud es índice de soberbia y egoísmo. El ingrato se caracteriza porque ignora o pretende ignorar el bien que le hacen los demás. Está tan acostumbrado a obtener siempre lo mejor para sí, que no le es nada fácil reconocer los meritos ajenos. Los favores que reciben, lejos de inspirarle agradecimiento, le inspiran rencor.

La ingratitud puede provenir también de una especie de descuido, de mediocridad espiritual. En este caso, aunque no hay mala fe, no deja de ser triste porque produce desconsuelo en aquellos que se esmeran por hacernos el bien sin obtener nunca la más mínima voz de aliento ni el más ínfimo signo de reconocimiento por parte nuestra.


Obstáculos para el agradecimiento
1.- La vanidad, que impide a muchos reconocer el aporte de los demás en sus propios logros.

2.- La costumbre de encontrarle defectos a todo, que lleva a desconocer, por detalles sin importancia, lo valioso de un esfuerzo o los meritos de un trabajo bien hecho.

3.- La envidia y el resentimiento, que hacen tomar como ofensa las bondades recibidas de los otros.

4.- La falta de humildad y de grandeza, que hacen ver el agradecimiento como una muestra de debilidad.